viernes, 27 de noviembre de 2020

Crónica del concierto de Jolly Joker

Jolly Joker

21/11/2020

Sala Loco Club, Valencia

Corren malos tiempos para la cultura. Es innegable que con la pandemia que estamos viviendo (y sufriendo) son muchos los sectores afectados, pero la cultura se ha llevado un serio revés. Cines y teatros cerrados, eventos cancelados, artistas sin poder trabajar... y naturalmente la música en directo. En cuestión de meses hemos visto salas de conciertos cerrar sus puertas definitivamente, bandas pasarlo mal para seguir adelante, giras, festivales y conciertos aplazarse o directamente suspenderse. Desde luego los que disfrutamos de la música en directo llevamos meses sin poder disfrutar de una de esas cosas que nos da la vida, que nos hace esperar con ansia ciertos días y que son vía de escape de nuestra rutina.

Es por eso de agradecer que, en estos aciagos días, haya gente que se arriesgue y luche por la música en directo. Fue una alegría mayúscula leer que Jolly Joker, una de mis bandas favoritas actuales, anunciaban un concierto, con todas las medidas de seguridad pertinentes y descargando todo su arsenal. Así que ahí me planté el sábado, ilusionado de volver a disfrutar de música en directo. Está claro que la situación no sería la de un concierto al uso y nos tocaría ver a la banda sentados, con mascarilla y sin barra dentro de la sala, algo impensable hace cosa de un año, pero mejor eso que nada.

Pese a ello, hay cosas que no cambian a la hora de asistir a un concierto, como un pequeño ritual que se realiza siempre. Desde pensar el atuendo que uno se va a poner para la ocasión a la obligada quedada antes del inicio para tomar unos refrigerios con los colegas. Así que un buen rato antes de que abrieran las puertas, ahí estábamos en el bar de al lado de la sala los amigos que siempre nos vemos en los conciertos, para vernos después de mucho tiempo, hablar de cómo nos va y naturalmente, tomar algo teniendo en cuenta que dentro sería imposible. Mucha ilusión de ver caras familiares y de amigos que hacía meses que no veía, con eso ya estaba la entrada pagada.

 


Naturalmente no quiero dejar pasar por alto elogiar a la sala Loco Club por su decisión de celebrar un concierto de estas características y más aún con las trabas y problemas que supone organizar un evento así, sé que no es fácil pero aún así ellos dieron la cara y con unas normas de seguridad bien estipuladas, lograron que el concierto se desarrollara dentro de los parámetros de la llamada "nueva normalidad"

Así, una vez abiertas las puertas, accedimos a la sala, pillamos un buen sitio y tomamos asientos. Pese a que el aforo era reducido debido a la normativa, hubo sold out, y es que Jolly Joker son profetas en su tierra y una banda muy querida. He perdido la cuenta de las veces que los he visto en directo (la última vez sin ir más lejos, el pasado mes de febrero, antes del confinamiento en Murcia) y nunca han dado un concierto malo, ni siquiera regular. Son una máquina perfectamente engrasada. Nunca hacen dos conciertos iguales, siempre están metiendo sorpresas en su repertorio y para esta ocasión, prometieron una velada inolvidable, cosa que fue.

A las 21 horas puntuales como un reloj salieron al escenario los 4 miembros de la banda. Sin intro alguna, a pelo, para dar inicio a la velada con I Am Rock N' Roll, toda una declaración de intenciones con la que querían dejar claro que esta situación no va a doblegar al rock ni a los que lo disfrutamos. Un inicio inmejorable.

 


La emoción era palpable en la banda, que llevaba tiempo sin pisar un escenario en formato eléctrico y lo dieron todo, desplegando en hora y 20 lo mejor de su repertorio, con temas como Sidewalks, Hey You o Perfect Life, canciones directas que cantamos desde nuestros asientos, levantando el puño y luchando por no levantarnos de las sillas, algo que realmente costó en muchos momentos. Puede que la situación no fuera la mejor para un concierto de rock, pero Jolly Joker se las apañaron para hacernos vibrar desde los asientos y disfrutar como hacía meses que no disfrutábamos.

Lazy Lane estuvo muy fluido con el público, dándonos las gracias por hacer el esfuerzo de ir, por apostar por el rock y naturalmente pidió un aplauso para la sala y su staff por montarlo todo y hacer que saliera todo perfecto.

Continuaron con Full Of Beans, uno de sus temas más conocidos para dar paso a Fuck It All y pedirnos a todos hacer un sonoro corte de manga al COVID-19. Lazy después nos introdujo la que es para él su pieza favorita de su último trabajo Never Say Forever, Nasty Habits la cual empalmaron con Believe, del también citado disco.

 


Como dije, el concierto estuvo lleno de sorpresas, siendo una de ellas cuando Lazy se colgaba una guitarra para regalarnos la versión de D.A.D Bad Crazyness. Tampoco faltó la genial Set My Soul On Fire, uno de mis cortes preferidos de Never Say Forever. No pararon las sorpresas, llegando el momento acústico del concierto, con Yannick sentado en un taburete empezando con otra versión, en este caso de Slash con Back To Cali, con Lazy cantando al más puro estilo de Myles Kennedy (uno de los momentos más especiales de la noche) y temas de su propia cosecha como Way Back Home y God's Kidding en formato acústico, el cual Lazy y Yannick tocan en ocasiones en espacios reducidos, ahora en formato cuarteto.

La recta final del concierto llegaba con Sucker y la última sorpresa, esta anunciada de antemano, la aparición en el escenario de Frank Suz quien se unía a los Jokers para pillar los teclados y acompañarles en los últimos coletazos de la noche con Rockin'in Stereo, Dressed To Kill y la última versión de la noche, Hammersmith Palais de Demolition 23, banda que en su día formó el grandísimo Michael Monroe.

Y así, con un público entregado que pedía más, la banda se despedía tras una buena sesión de hard rock. No había tiempo para mucho más, pues el toque de queda es implacable. Aún así dio tiempo a salir a tomar la última antes de retirarnos a casa, pero con una sonrisa imborrable en nuestras caras. Tras meses sin música en directo (8 en mi caso) habíamos disfrutado de una buena dosis. Un parche de nicotina, un placebo, un poco de oxígeno en estos difíciles tiempos que nos hacía ver que hay luz al final del túnel.

Gracias Loco Club, gracias Jolly Joker por hacer que por un raro olvidáramos todo esto.

Texto y fotos: Alapont

 

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